
La noticia se conoció a finales de 2004, justo cuando comenzaba a despegar en el fútbol profesional. Rolando Barra Pinedo, el chico que se destacó en el Sudamericano sub 17 en Bolivia y que vestía la camista de Oriente Petrolero, había dado positivo por dopaje. Intentó demostrar su inocencia por varios medios, incluso viajando a Montevideo para el análisis de la muestra B, pero nada cambió. A los seis meses de inactividad se sumó la multa de $us 5.000, que a la postre sería clave para su futuro.
Peregrinó ante la directiva de Oriente Petrolero que presidía Carlos Chávez, en busca del pago de la multa, pero no recibió apoyo. No jugó en 2005 y mucho menos en 2006, pese a que tuvo la chance de fichar para La Paz F.C., que de todas formas le exigía que saldara antes los $us 5.000. Agobiado por la incertidumbre, optó por emigrar a Madrid (España) en busca de días mejores, aunque desde allá afirma que pagó una culpa que no era suya y que eso mismo se lo confirmó un directivo de Oriente Petrolero, que actualmente está en actividad.
- ¿Por qué decidiste irte?
- Por la situación, por la multa que no pude ni me ayudaron a pagar y porque tenía que vivir de algo. Estuve sin jugar desde finales de 2004 hasta el 2006 y el único problema en verdad fue el dinero; cumplí mi tiempo y necesitaba pagar para volver a jugar, pero plata no había y tuve que hacer algo.
- ¿Cómo fue aquella vez cuando te anunciaron lo del positivo?
- Mirá hermano, se me cayó la cara, no lo podía creer porque yo me cuidaba más que nadie y de repente me dicen eso. Si alguien tiene que ocultar algo no hace lo que yo hice, de incluso ir hasta Uruguay por la prueba B, aunque igual dio positivo... no sé, qué se va a hacer.
- ¿Cómo negociaste el pago de la multa con Oriente?
- Primero me dijeron que la iban a pagar, luego que iba a ser 50 y 50 con la Tahuichi, pero quedó en nada; pasaba el tiempo y seguía igual pese a que en más de una ocasión hablé con Carlos Chávez.
- ¿Te dieron la espalda?
- Algo más pudieron haber hecho, y más bien optaron por levantar las manos y dejarme solo. Algunas personas, como el doctor Jorge Flores, que creían en mi inocencia, me tendieron la mano, e incluso me ayudaron para demostrar que el dopaje no iba conmigo. De Oriente esperaba mucho más porque era su jugador, al fin de cuentas ellos me habían comprado.
- ¿Qué te dijo Carlos Chávez cuando le pediste ayuda?
- La cosa es así. Cuando hablé con él le dije que iba a demostrar que era inocente, que me había cuidado más que otra persona y que jamás había consumido algo que pudiera dar positivo. Él me dijo que iban a correr con la multa, que siguiera entrenándome y que igual iba a seguir ganando, porque cuando se hubieran cumplido los seis meses, iba a volver a jugar.
- ¿Y qué vino?
- Pasaron los seis meses, luego siete, ocho, diez, quince y todo seguía igual. Volví a preguntarle a él y luego fui donde Roly Aguilera (presidente de la Tahuichi) y nada. Uno me decía una cosa, el otro igual y comencé a desesperarme; de algo tenía que vivir.
- ¿Cómo le hicistes para subsistir durante todo ese tiempo?
- Saqué de lo que había ahorrado mientras esperaba algún club donde poder firmar, pero mi chance no llegaba. En enero de 2006 me fui a La Paz F.C. pero por el pase, por la multa del dopaje, por una y otra cosa más, no pude firmar y me volví. Ya no aguantaba más y en marzo de 2007 me tuve que venir.
- ¿Qué te acobardó?
- Muchas cosas. Me tenían de aquí para allá, me decían que haga esto, aquello y nada. Me cansé de la incertidumbre hasta que dije: ¡qué se vayan a la m....!, que lo enmarquen mi pase y ya, me largo de aquí, esto nunca va a cambiar. El fútbol boliviano lamentablemente se maneja así y soy consciente de que no soy el primero que ha pasado por este tipo de situación.
- ¿Por qué no lograste firmar cuando te fuistes a La Paz F.C.?
- De hecho hablé con Chávez y me dijo que iba a llegar a un acuerdo. Se reunieron con los paceños, charlaron y hubo cosas que uno y otro no quisieron. Entonces el técnico de La Paz F.C. y el presidente no podían esperar más, además no perdían nada, si habían jugadores que llegaban con el pase en mano, en plena actividad y por 300 o 400 dólares como sueldo. Yo no había jugado año y medio y además debía la multa del dopaje. Todas esas cosas influyeron.
- ¿Cuántos nanogramos distes?
- A la prueba B en Montevideo fui con un dirigente de Oriente, y estando allá, la uruguayo-japonesa que había ido a dar unos cursos de dopaje a Bolivia por esa época, le pregunto del número de nanogramos que había dado. Me dijo ‘para eso se paga aparte, pero de todas formas, distes sólo 6, el más bajo de todos los casos positivos’.
- ¿Te sorprendistes?
- Te digo algo. Personalmente creo que esa prueba no era mía y me lo ratificó un directivo de Oriente que hoy está en actividad. ¡En fin, ya pasó! Estoy pagando una deuda ajena, que no es mía, y ya la pagué, por eso estoy donde estoy. No lo digo para reventar ningún ‘puchichi’ pero quien haya sido me da igual. Fueron sólo seis nanogramos cuando en otros países se castiga a partir de los 30, de los 50 o de los 200, pero vuelvo a decir: creo que esa orina analizada no era mía.
- Cuando te lo ratifica ese directivo, ¿cuál fue tu reacción?
- ¡Qué darme rabia! porque recién me lo dijo en 2006. No oculté mi bronca y se lo hice conocer ese momento. Si él lo sabía, ¿por qué no lo dijo antes? Me acuerdo de sus palabras: ‘Aquí hay mano negra y no es precisamente la tuya’.
- ¿Tu sospecha era de que la orina era quizá de alguien ‘vendible’ o ‘rentable’ en Oriente?
- Mirá hermano, no sé qué pensar, la verdad la saben dos o tres en Oriente Petrolero y yo lo único que te puedo decir es que yo me cuidaba lo más que podía, porque era un chico que estaba comenzando, que quería hacer las cosas bien, y de repente te cae esa cosa y todo se fue a la m..... Fue algo bastante duro.
- Luego del dopaje te filman en peleas y líos, ¿qué pasó?
- Estuve en todas (se ríe). Pero eso ya pasó, aprendí mucho de esas cosas. No es que ahora sea un tipo con experiencia ni mucho menos, pero la lección me marcó. A Oriente llegué con 17 años y quizás necesitaba una cosa así para aprender. Ahora estoy más maduro, analizo más las cosas que pasan.
- ¿Qué personas fueron clave en los momentos difíciles?
- Sin duda que la familia, y por ahí dos o tres amigos más porque los demás desaparecen. Además, el doctor Jorge Flores y el periodista Juan Pastén, que en más de una ocasión insistieron en mi inocencia y de que volviera a jugar.
- ¿Al no jugar a qué te dedicás?
- Estudiaba Ingeniería Industrial en la Domingo Savio y, bueno, también me entrenaba por lo menos tres veces a la semana en la Tahuichi para no perder estado físico. Por ahí aparecía un equipo aunque la plata se me acababa hermano, y ya no tenía para nada. Qué iba a hacer, tuve que dejar la U y decidí venirme gracias a la invitación de mi tía Cristina. Pero no pienso estar mucho tiempo acá, pienso hacer algo de dinero y volverme para estudiar, si es que no puedo jugar.
- ¿Es tu retiro definitivo?
- Cada vez se hace más difícil, pese a los 22 años que tengo. Mirá, acá me entreno sólo dos días a la semana en un equipo de tercera regional. Los martes y jueves, luego de llegar del trabajo, agarro mis cosas y me voy para allá. Por cierto el entrenador es Percy Gil (ex jugador de Guabirá, Blooming y Real Potosí) y hay muchos bolivianos. Te digo que se hace difícil porque, para empezar, tenés que estar en un perfecto estado físico. Es cierto, la esperanza es lo último, y si por ahí no puedo jugar en primera, aunque sea en una categoría menor.
- ¿Esa tu desilución por el fútbol te llevó a tomar otros rumbos?
- Un día antes de venirme para España hablé con mi madre, le dije que me venía unos cuantos años y que acá iba a intentar hacer algo mejor. Me ha ido bien, porque no sólo trabajo, sino también estudio, no una carrera a nivel académico pero es para un oficio que es valorado y se gana bien. Me falta poco para ser electricista de caliente y frío, esas personas que le entienden a los calefones. Le estoy metiendo duro por las noches. No sé cuánto tiempo me tardará hacer el dinero que me tracé, quizá dos, tres o más años. Ya lo veremos.
- ¿Ahora estás más tranquilo?
- (Toma aire) Sí, porque allá vivía... pucha, cuando estás caído nadie te da la mano, todos hacen leña del árbol caído. No estaba tan mal porque vivía con mi familia y además estudiaba, pero no podía ir más lejos, me iba a quedar ahí y qué podía hacer, no podía mentirme y esperar la voluntad de los dirigentes. Me iba a podrir esperando de todos; entonces opté por venirme y que sea lo que Dios quiera.
- ¿Cómo es tu día a día?
- Con tranquilidad, salgo al trabajo temprano, vuelvo por la tarde, y en la noche, si no voy a clases es porque tengo que entrenarme con La Mancha, el equipo de Percy Gil. Juego también un campeonato de cruceños y nos va bien. Todo es así.
- ¿Sólo trabajás en la construcción?
- Es donde el hombre más gana. No importa rajarme el lomo unos cuantos años si todo va a valer la pena. Tengo un compañero que también es cruceño, de El Pari, y no me siento solo. Además, el apoyo de mi tía Cristina Pinedo, hermana de Óscar, el árbitro, me ha dado un calor de hogar.
- ¿Te costó adaptarte?
- Tuve la suerte de llegar donde mi tía, y claro que lo vi todo diferente. Como te dije antes, por suerte no me sentí solo, aunque extraño a mi familia, mi casa, porque acá uno vive en pisos y a veces te hace falta el patio de la casa, el espacio. Pese a ello estoy bien.
- ¿Qué pasa si un equipo de Bolivia te ofrece un contrato para que vengás a jugar en 2008?
- No me vuelvo, y no porque me hubiera acostumbrado a estar acá, no me vuelvo porque sé cómo es allá: que estás dos o tres meses o incluso una semana, te dan una patada en el trasero y chau. Se mofan de los contratos, porque, como te dije, yo tenía contrato con Oriente hasta este fin de año, pero preguntame si me cumplieron.
- ¿Pasó la pesadilla?
- Estoy tranquilo aunque extrañás a tu gente, a tus amigos, tu estilo de vida, pero está todo bien. Por suerte lo del fútbol ya pasó, haya o no haya sido culpable, he pagado algo que creo que no debí haberlo hecho. Me volaron la cabeza cuando estaba empezando mi carrera, pero el fútbol en Bolivia es así.
- ¿De todo esto qué rescatás?
- Que maduré, además que conocí personas muy buenas como el doctor Jorge Flores, porque él como a nadie me respaldó y le estoy agradecido. Creo que Roly padre es quien alumbra sus ideas. Estoy seguro que si él hubiera estado vivo, quizá no hubiera pasado por todo esto. Rolando Aguilera Pareja es el boliviano que más admiro.
- ¿Hablás seguido con tu familia?
- Sí, con mi madre Justa, con mi hermano Edwin, y por ahí con mi tío Óscar. A él también le debo mucho, porque me acuerdo cuando estaba en los ajetreos de demostrar mi inocencia también me ofreció su hombro, diciéndome incluso que me ayudaba económicamente con tal de que demostrara que no era cierto lo del dopaje.
Las frases
“Me volaron la cabeza justo cuando empezaba mi carrera. Por suerte ya todo pasó”
“No lo podía creer cuando el dirigente de Oriente me dijo que la prueba no era la mía”
“Hoy en día no me vuelvo a Bolivia ante una oferta, porque allá no cumplen los contratos”
Perfil
Le daba solidez a la zaga
Rolando Barra Pinedo nació en Santa Cruz el 10 de marzo de 1985. Su carrera futbolística la comenzó en la Academia Tahuichi Aguilera, llevado por su tío Óscar Pinedo, que además fue su primer entrenador. En 2003 llegó a Oriente Petrolero y jugó hasta el siguiente año. Es soltero y en el país estudiaba Ingeniería Industrial. Sus padres son Teófilo Barra (+) y Justa Pinedo. Edwin y Roxana (+) son sus hermanos. En España estudia para ser electricista y se da tiempo para el fútbol.
Peregrinó ante la directiva de Oriente Petrolero que presidía Carlos Chávez, en busca del pago de la multa, pero no recibió apoyo. No jugó en 2005 y mucho menos en 2006, pese a que tuvo la chance de fichar para La Paz F.C., que de todas formas le exigía que saldara antes los $us 5.000. Agobiado por la incertidumbre, optó por emigrar a Madrid (España) en busca de días mejores, aunque desde allá afirma que pagó una culpa que no era suya y que eso mismo se lo confirmó un directivo de Oriente Petrolero, que actualmente está en actividad.
- ¿Por qué decidiste irte?
- Por la situación, por la multa que no pude ni me ayudaron a pagar y porque tenía que vivir de algo. Estuve sin jugar desde finales de 2004 hasta el 2006 y el único problema en verdad fue el dinero; cumplí mi tiempo y necesitaba pagar para volver a jugar, pero plata no había y tuve que hacer algo.
- ¿Cómo fue aquella vez cuando te anunciaron lo del positivo?
- Mirá hermano, se me cayó la cara, no lo podía creer porque yo me cuidaba más que nadie y de repente me dicen eso. Si alguien tiene que ocultar algo no hace lo que yo hice, de incluso ir hasta Uruguay por la prueba B, aunque igual dio positivo... no sé, qué se va a hacer.
- ¿Cómo negociaste el pago de la multa con Oriente?
- Primero me dijeron que la iban a pagar, luego que iba a ser 50 y 50 con la Tahuichi, pero quedó en nada; pasaba el tiempo y seguía igual pese a que en más de una ocasión hablé con Carlos Chávez.
- ¿Te dieron la espalda?
- Algo más pudieron haber hecho, y más bien optaron por levantar las manos y dejarme solo. Algunas personas, como el doctor Jorge Flores, que creían en mi inocencia, me tendieron la mano, e incluso me ayudaron para demostrar que el dopaje no iba conmigo. De Oriente esperaba mucho más porque era su jugador, al fin de cuentas ellos me habían comprado.
- ¿Qué te dijo Carlos Chávez cuando le pediste ayuda?
- La cosa es así. Cuando hablé con él le dije que iba a demostrar que era inocente, que me había cuidado más que otra persona y que jamás había consumido algo que pudiera dar positivo. Él me dijo que iban a correr con la multa, que siguiera entrenándome y que igual iba a seguir ganando, porque cuando se hubieran cumplido los seis meses, iba a volver a jugar.
- ¿Y qué vino?
- Pasaron los seis meses, luego siete, ocho, diez, quince y todo seguía igual. Volví a preguntarle a él y luego fui donde Roly Aguilera (presidente de la Tahuichi) y nada. Uno me decía una cosa, el otro igual y comencé a desesperarme; de algo tenía que vivir.
- ¿Cómo le hicistes para subsistir durante todo ese tiempo?
- Saqué de lo que había ahorrado mientras esperaba algún club donde poder firmar, pero mi chance no llegaba. En enero de 2006 me fui a La Paz F.C. pero por el pase, por la multa del dopaje, por una y otra cosa más, no pude firmar y me volví. Ya no aguantaba más y en marzo de 2007 me tuve que venir.
- ¿Qué te acobardó?
- Muchas cosas. Me tenían de aquí para allá, me decían que haga esto, aquello y nada. Me cansé de la incertidumbre hasta que dije: ¡qué se vayan a la m....!, que lo enmarquen mi pase y ya, me largo de aquí, esto nunca va a cambiar. El fútbol boliviano lamentablemente se maneja así y soy consciente de que no soy el primero que ha pasado por este tipo de situación.
- ¿Por qué no lograste firmar cuando te fuistes a La Paz F.C.?
- De hecho hablé con Chávez y me dijo que iba a llegar a un acuerdo. Se reunieron con los paceños, charlaron y hubo cosas que uno y otro no quisieron. Entonces el técnico de La Paz F.C. y el presidente no podían esperar más, además no perdían nada, si habían jugadores que llegaban con el pase en mano, en plena actividad y por 300 o 400 dólares como sueldo. Yo no había jugado año y medio y además debía la multa del dopaje. Todas esas cosas influyeron.
- ¿Cuántos nanogramos distes?
- A la prueba B en Montevideo fui con un dirigente de Oriente, y estando allá, la uruguayo-japonesa que había ido a dar unos cursos de dopaje a Bolivia por esa época, le pregunto del número de nanogramos que había dado. Me dijo ‘para eso se paga aparte, pero de todas formas, distes sólo 6, el más bajo de todos los casos positivos’.
- ¿Te sorprendistes?
- Te digo algo. Personalmente creo que esa prueba no era mía y me lo ratificó un directivo de Oriente que hoy está en actividad. ¡En fin, ya pasó! Estoy pagando una deuda ajena, que no es mía, y ya la pagué, por eso estoy donde estoy. No lo digo para reventar ningún ‘puchichi’ pero quien haya sido me da igual. Fueron sólo seis nanogramos cuando en otros países se castiga a partir de los 30, de los 50 o de los 200, pero vuelvo a decir: creo que esa orina analizada no era mía.
- Cuando te lo ratifica ese directivo, ¿cuál fue tu reacción?
- ¡Qué darme rabia! porque recién me lo dijo en 2006. No oculté mi bronca y se lo hice conocer ese momento. Si él lo sabía, ¿por qué no lo dijo antes? Me acuerdo de sus palabras: ‘Aquí hay mano negra y no es precisamente la tuya’.
- ¿Tu sospecha era de que la orina era quizá de alguien ‘vendible’ o ‘rentable’ en Oriente?
- Mirá hermano, no sé qué pensar, la verdad la saben dos o tres en Oriente Petrolero y yo lo único que te puedo decir es que yo me cuidaba lo más que podía, porque era un chico que estaba comenzando, que quería hacer las cosas bien, y de repente te cae esa cosa y todo se fue a la m..... Fue algo bastante duro.
- Luego del dopaje te filman en peleas y líos, ¿qué pasó?
- Estuve en todas (se ríe). Pero eso ya pasó, aprendí mucho de esas cosas. No es que ahora sea un tipo con experiencia ni mucho menos, pero la lección me marcó. A Oriente llegué con 17 años y quizás necesitaba una cosa así para aprender. Ahora estoy más maduro, analizo más las cosas que pasan.
- ¿Qué personas fueron clave en los momentos difíciles?
- Sin duda que la familia, y por ahí dos o tres amigos más porque los demás desaparecen. Además, el doctor Jorge Flores y el periodista Juan Pastén, que en más de una ocasión insistieron en mi inocencia y de que volviera a jugar.
- ¿Al no jugar a qué te dedicás?
- Estudiaba Ingeniería Industrial en la Domingo Savio y, bueno, también me entrenaba por lo menos tres veces a la semana en la Tahuichi para no perder estado físico. Por ahí aparecía un equipo aunque la plata se me acababa hermano, y ya no tenía para nada. Qué iba a hacer, tuve que dejar la U y decidí venirme gracias a la invitación de mi tía Cristina. Pero no pienso estar mucho tiempo acá, pienso hacer algo de dinero y volverme para estudiar, si es que no puedo jugar.
- ¿Es tu retiro definitivo?
- Cada vez se hace más difícil, pese a los 22 años que tengo. Mirá, acá me entreno sólo dos días a la semana en un equipo de tercera regional. Los martes y jueves, luego de llegar del trabajo, agarro mis cosas y me voy para allá. Por cierto el entrenador es Percy Gil (ex jugador de Guabirá, Blooming y Real Potosí) y hay muchos bolivianos. Te digo que se hace difícil porque, para empezar, tenés que estar en un perfecto estado físico. Es cierto, la esperanza es lo último, y si por ahí no puedo jugar en primera, aunque sea en una categoría menor.
- ¿Esa tu desilución por el fútbol te llevó a tomar otros rumbos?
- Un día antes de venirme para España hablé con mi madre, le dije que me venía unos cuantos años y que acá iba a intentar hacer algo mejor. Me ha ido bien, porque no sólo trabajo, sino también estudio, no una carrera a nivel académico pero es para un oficio que es valorado y se gana bien. Me falta poco para ser electricista de caliente y frío, esas personas que le entienden a los calefones. Le estoy metiendo duro por las noches. No sé cuánto tiempo me tardará hacer el dinero que me tracé, quizá dos, tres o más años. Ya lo veremos.
- ¿Ahora estás más tranquilo?
- (Toma aire) Sí, porque allá vivía... pucha, cuando estás caído nadie te da la mano, todos hacen leña del árbol caído. No estaba tan mal porque vivía con mi familia y además estudiaba, pero no podía ir más lejos, me iba a quedar ahí y qué podía hacer, no podía mentirme y esperar la voluntad de los dirigentes. Me iba a podrir esperando de todos; entonces opté por venirme y que sea lo que Dios quiera.
- ¿Cómo es tu día a día?
- Con tranquilidad, salgo al trabajo temprano, vuelvo por la tarde, y en la noche, si no voy a clases es porque tengo que entrenarme con La Mancha, el equipo de Percy Gil. Juego también un campeonato de cruceños y nos va bien. Todo es así.
- ¿Sólo trabajás en la construcción?
- Es donde el hombre más gana. No importa rajarme el lomo unos cuantos años si todo va a valer la pena. Tengo un compañero que también es cruceño, de El Pari, y no me siento solo. Además, el apoyo de mi tía Cristina Pinedo, hermana de Óscar, el árbitro, me ha dado un calor de hogar.
- ¿Te costó adaptarte?
- Tuve la suerte de llegar donde mi tía, y claro que lo vi todo diferente. Como te dije antes, por suerte no me sentí solo, aunque extraño a mi familia, mi casa, porque acá uno vive en pisos y a veces te hace falta el patio de la casa, el espacio. Pese a ello estoy bien.
- ¿Qué pasa si un equipo de Bolivia te ofrece un contrato para que vengás a jugar en 2008?
- No me vuelvo, y no porque me hubiera acostumbrado a estar acá, no me vuelvo porque sé cómo es allá: que estás dos o tres meses o incluso una semana, te dan una patada en el trasero y chau. Se mofan de los contratos, porque, como te dije, yo tenía contrato con Oriente hasta este fin de año, pero preguntame si me cumplieron.
- ¿Pasó la pesadilla?
- Estoy tranquilo aunque extrañás a tu gente, a tus amigos, tu estilo de vida, pero está todo bien. Por suerte lo del fútbol ya pasó, haya o no haya sido culpable, he pagado algo que creo que no debí haberlo hecho. Me volaron la cabeza cuando estaba empezando mi carrera, pero el fútbol en Bolivia es así.
- ¿De todo esto qué rescatás?
- Que maduré, además que conocí personas muy buenas como el doctor Jorge Flores, porque él como a nadie me respaldó y le estoy agradecido. Creo que Roly padre es quien alumbra sus ideas. Estoy seguro que si él hubiera estado vivo, quizá no hubiera pasado por todo esto. Rolando Aguilera Pareja es el boliviano que más admiro.
- ¿Hablás seguido con tu familia?
- Sí, con mi madre Justa, con mi hermano Edwin, y por ahí con mi tío Óscar. A él también le debo mucho, porque me acuerdo cuando estaba en los ajetreos de demostrar mi inocencia también me ofreció su hombro, diciéndome incluso que me ayudaba económicamente con tal de que demostrara que no era cierto lo del dopaje.
Las frases
“Me volaron la cabeza justo cuando empezaba mi carrera. Por suerte ya todo pasó”
“No lo podía creer cuando el dirigente de Oriente me dijo que la prueba no era la mía”
“Hoy en día no me vuelvo a Bolivia ante una oferta, porque allá no cumplen los contratos”
Perfil
Le daba solidez a la zaga
Rolando Barra Pinedo nació en Santa Cruz el 10 de marzo de 1985. Su carrera futbolística la comenzó en la Academia Tahuichi Aguilera, llevado por su tío Óscar Pinedo, que además fue su primer entrenador. En 2003 llegó a Oriente Petrolero y jugó hasta el siguiente año. Es soltero y en el país estudiaba Ingeniería Industrial. Sus padres son Teófilo Barra (+) y Justa Pinedo. Edwin y Roxana (+) son sus hermanos. En España estudia para ser electricista y se da tiempo para el fútbol.






