lunes, 2 de mayo de 2011

Ugarte, la ‘joya’ de Tupiza

Un homenaje de su tierra al ‘Maestro’ del fútbol

Tupiza es la ‘Joya de Bolivia’. Así la llaman a esa tierra en donde hoy viven unas 30 mil personas. La minería y la agricultura son su sostén. Ahí nació una joya del fútbol, Víctor Agustín Ugarte.

El 5 de mayo nunca es un día cualquiera en esa población. En esa fecha, hace 85 años (1926) nació ese talento que se convertiría en el mejor jugador boliviano de todos los tiempos.

Su tierra lo sigue recordando, a pesar de que ya han pasado 16 años (20 de marzo de 1995) de su muerte. Era el segundo de los ocho hijos de doña Juana y don Andrés. Quedaron huérfanos de padre cuando la Guerra del Chaco se los arrebató.

Fermín (+) era el hermano mayor. Le siguieron Víctor Agustín (+), Bernardo, Corina, Nely, Juan Carlos, Marina y Bety, algunos de ellos viven en el país, otros en el exterior, en Argentina y Chile.

Bernardo recuerda que su primera vivienda era la hacienda de Chajrahuasi, propiedad del minero Carlos Víctor Aramayo, donde su padre trabajaba de ayudante. Para ir a la escuelita del pueblo —la 7 de Noviembre—, él y su hermano Víctor Agustín se prestaban un caballo y pasaban el río… Así fue hasta que la familia decidió instalarse en el pueblo.

La vida les golpeó duro. Un día doña Juana (una señora de pollera, vendedora de verduras y estricta con sus hijos) tomó la decisión de ir a buscar trabajo a la Argentina, agarró a sus hijas y partió. Sus otros hijos nunca más la volvieron a ver, pues falleció en la tierra lejana.

El futuro crack se quedó a vivir con su tía Leandra en la calle Tarija, trabajaba junto con su hermano mayor en un taller de herrería y mecánica que hoy todavía existe. Fue ahí, a punta de trabajo, que formó un físico fuerte, tiraba el fuego de la herrería, manejaba el martillo y el combo.

Agustín trabajó desde sus nueve años con Fermín, pero después de dedicarle horas a sus obligaciones, siempre jugaban fútbol al final de la tarde con un pequeño grupo de amigos, entre ellos el músico, poeta y pintor Alfredo Domínguez, el otro motivo de orgullo de los tupiceños.

“Desde los 12 años se veía su talento. Él siempre jugó con alpargata, por que estaba de moda. No se podía comprar un par de cachos de puente porque eran muy caros. La alpargata costaba 10 bolivianos y el cacho 100”, recuerda Julián Alfred, un amigo de infancia de Víctor Agustín Ugarte.

A los 17 años, Ugarte se fue a Tarija para prestar el servicio militar. Después de un año volvió a su pueblo, agarró trabajo en la Empresa de Ferrocarriles, que era un gancho para que jugara en el Club Ferroviario, archirrival de su equipo con el que empezó a mostrarse a los 12 años, el Huracán. De ahí saltó a La Paz y esa parte de la historia ya es conocida: Bolívar, la selección nacional, el fútbol grande, sus éxitos…

“Sin darse cuenta Víctor comenzó a hacerse un crack, fue en 1947. El primer partido que jugó fue con Atlético La Paz. Él me mandó un recorte de la prensa donde está sentado. Decía que jugó de carrilero izquierdo, pese a que no era su puesto, pero como era un hombre incansable se adaptó. Me contó que había hecho un gol y que se quedaba en La Paz porque le había gustado y se acostumbró a esa ciudad. De ahí no volvió más a vivir aquí, sólo vino de visita”.

A sus 80 años, Alfred aún lo recuerda: “Fue un gran compañero y amigo. Además él era muy bueno para el boxeo, porque trabajaba en herrería y era fuerte y de temer. Era muy hábil y vivísimo. Tenía condiciones innatas de jugador. Cuando querían pegar a un menor de nuestro plantel él salía al frente y lo defendía. Hasta los 18 años no quería saber nada de mujeres y solamente pensaba en jugar”.

Ugarte era un gran dominador de la pelota. “Hacía tecniquitas de toda clase, con cualquier cosa hasta con una lata. Era un espectáculo verlo. El había nacido para ser un crack”.

Su muerte fue el dolor más grande que sintió Tupiza, donde hoy sigue siendo venerado.

1 comentario:

  1. Gracias por recordar a mi señor padre, el vivió muchas dificultades en sus últimos años, problemas económicos, legales y de salud, pero aún así jamás perdió la alegría y el buen humor, sus hijos quienes compartimos su vida, sus penas y alegrías (Roberto Pablo, Víctor Pedro (+), Juan José Erick, Kattia Isabel y Erika Ninfa) siempre lo llevamos en nuestros corazones... que Dios te tenga en su gloria amado papito.

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