lunes, 17 de octubre de 2016

Mañana se cumplen 19 años de la trágica partida de Ramiro Castillo.

Tal vez nunca se conocerán las causas por las que tomó aquella decisión la mañana del 18 de octubre de 1997, pero aquel día marcó uno de los episodios más tristes del fútbol boliviano, partió a la eternidad Ramiro Castillo, uno de los mejores futbolistas en la historia de este deporte en Bolivia.

Aquella mañana del sábado 18 de octubre Bolivia amaneció consternada por la muerte del futbolista nacido en Coripata, los primeros informes daban cuenta de que Castillo se quitó la vida en su casa sin explicación alguna, aunque mucho se habló de que fue porque no pudo recuperarse de la muerte de su hijo ocurrido meses atrás.

Todo da a entender que el calvario de Ramiro Castillo comenzó la tarde del 29 de junio de 1997, aquella jornada Bolivia se alistaba para el partido final de la Copa América contra Brasil.

Días antes Castillo fue una de las figuras del triunfo boliviano sobre México (3-1) e incluso marcó un gol para la clasificación de la Verde a la final, es por eso que el entrenador, Antonio López, lo tenía entre sus once elegidos para el juego contra Brasil.

Sin embargo horas antes del juego Omar Rocha comunicó una fatal noticia al jugador, su hijo, José Manuel, fue internado de urgencia en el hospital a causa de una hepatitis. Ramiro se cambió tomó sus cosas y se fue al hospital. Por los parlantes del estadio Hernando Siles se comunicaba la noticia de la ausencia del “Chocolatín” y se pedía sangre para José Manuel. Aquella tarde cayó Bolivia por 3-1 y Brasil fue campeón.

Ramiro Castillo no se apartó de su hijo durante toda la noche del 29 hasta que el lunes 30 murió José Manuel. La tristeza se apoderó del futbolista, pensó varias veces dejar el fútbol porque sentía que le quitó a su familia.

Durante julio, agosto y septiembre siguió jugando con Bolívar, anotaba goles, pero ya no los festejaba como antes, con la sonrisa que lo caracterizaba, esta vez era solo un abrazo con sus compañeros.

Fue llamado a la selección boliviana, pero su ausencia se sentía en el campo de juego, no era el mismo, poco a poco se alejaba del balón.

El viernes 17 de octubre parecía un día normal para los amigos de Ramiro Castillo, aquella tarde Bolívar cerró sus entrenamientos para el clásico del domingo contra The Strongest y Ramiro se despidió de sus compañeros quienes no supieron que era la última vez que lo verían con vida.



El sábado 18 se daba la trágica noticia, encontraron al jugador muerto en su casa ubicada en la zona de Achumani, no se encontraron rastros de alcohol ni drogas que hubieran incitado a que el jugador tome esa decisión, sólo se supo que Castillo estaba sumido en una tristeza de la que no pudo recuperarse. La pelota lloró aquella tarde la partida del “Chocolatín”.

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