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lunes, 26 de abril de 2021

Chocolatín Querido, una obra para reconstruir la magia de Castillo

 En 1987, Ramiro Castillo Salinas denunció que fue extorsionado. “Tuvo que ceder el 30% de su pase para que los dirigentes de The Strongest lo  dejen salir al exterior”, explicó Jaime Sirpa Cruz, autor del libro Chocolatín Querido, que recorre la historia de uno de los mejores jugadores  del fútbol nacional.

   Esa fue apenas una escena    de la historia del futbolista con mirada periférica, inteligencia y una magia que cautivó hasta los que no lo vieron  en la cancha. “Cada vez que leía y escuchaba que hablaban de él, siempre me preguntaba qué existía detrás de él. Por eso quise homenajearlo porque mucha gente de mi generación no lo conoce”, explicó Sirpa.

    El  escritor alteño  presentó su trabajo que explora la vida futbolística del hombre que nació en Coripata, el 27 de marzo de 1966 y murió el  18 de octubre de 1997, en la ciudad de La Paz. 

   “A través de una revisión hemerográfica se recorrió mes por mes la carrera de Ramiro Castillo Salinas. Desde 1985 hasta 1997.  En la obra se resalta sus partidos en Bolivia con los equipos de The Strongest y Bolívar. Su participación en la Selección boliviana 1986-1997. Además, se recopila entrevistas y artículos periodísticos sobre el jugador. De la misma manera se recolectaron  testimonios de los periodistas David Heredia, Juan Carlos Costas Salmón y Pedro Saúl Jemio”, añadió Sirpa, de 24 años de edad. 

En el trabajo de Sirpa están las decenas de “reconocimientos, premios y condecoraciones que Castillo recibió. Por ejemplo, el 10 de enero de 1986 fue distinguido por ser el jugador más destacado de la temporada 1985, premiado por la organización periodística Cabalgata Deportiva en su séptima edición. El 4 de mayo de 1987 fue  elegido el mejor jugador del torneo Preolímpico  a través de una encuesta realizada por el matutino Hoy.  El 15 de mayo de 1987 fue reconocido con el Botín de Oro por ser el deportista destacado de la temporada 1986. Por parte de la Secretaría General de Deporte y la Juventud del Gobierno boliviano, el 2 de junio de 1987 fue homenajeado y  recibió la distinción especial por ser el jugador más destacado”.


 Castillo fue capitán de la Verde. Desarrolló  una extensa campaña que incluyó su paso por el fútbol argentino, en los clubes Instituto de Córdoba, Argentinos Juniors, River, Rosario Central y Platense. Además, el volante jugó en The Strongest, en Everton, de Chile, y Bolívar.

 “El libro responde a tres grandes interrogantes: ¿cuáles fueron los comienzos de Ramiro Castillo en el fútbol boliviano?, ¿por qué fue reconocido en el fútbol argentino? y ¿por qué decidió jugar en el club Bolívar siendo figura en el club The Strongest?”, advirtió Sirpa, quien detalló: “Su carrera  comenzó en la  AFLP  (categorías prejuvenil y juvenil) Atlético Pucarani 1980/1981, 31 de Octubre 1982 y Mariscal Braun 1983.  En The Strongest (tres etapas) 1985-1897; 1992-1993 y 1996, Instituto de Córdoba 1987/1988 Argentinos Jrs 1988/1990 River Plate 1990/1991, Rosario Central 1991/1992 y  Platense 1993/1994 en Argentina. Everton 1995 (Chile) Bolívar 1996”.

Venta

Chocolatín Querido, revisión de la trayectoria de Ramiro Castillo,  puede ser adquirido en  las librerías: Los amigos del libro, Decus y El baúl del libro.



miércoles, 18 de octubre de 2017

Hace 20 años se apagó la magia del Chocolatín Castillo

Dos décadas pasaron desde aquel fatídico 18 de octubre cuando Ramiro Castillo se quitó la vida en su domicilio de Achumani. El astro de The Strongest, Bolívar y la Selección no soportó tanto dolor y se ahorcó con una corbata, tras padecer en los últimos cuatro meses una profunda crisis depresiva desde la muerte de su pequeño hijo José Manuel, de siete años, el 29 de junio de 1997, justamente pocas horas antes de la final de la Copa América entre Bolivia y Brasil.

Castillo tenía 31 años cuando ocurrió la tragedia. El volante estaba hundido en un grave estado depresivo. La muerte del pequeño José Manuel, víctima de una fulminante hepatitis, lo condujo a una situación desesperada, que acabó al quitarse la vida.

Castillo era el capitán del seleccionado boliviano y había desarrollado una extensa campaña que incluyó su paso por el fútbol argentino, en los clubes Instituto de Córdoba, Argentinos Juniors, River, Rosario Central y Platense. Además, el volante jugó en The Strongest, de Bolivia; en Everton, de Chile; y en 1997 había regresado a La Paz para jugar en el otro grande, Bolívar.

La Academia fue su último club. A principios de 1997 el directivo Javier Ortuño convenció a Castillo para que se pusiera la celeste "revolucionando” el mercado de esa temporada y logrando algo que parecía imposible por la identificación que tenía el jugador con la casaca atigrada. "El extécnico Jorge Habegger quería traer al Mago Capria, pero yo le dije a Luis Mercado (expresidente) que tenía listo al 10 del equipo. ‘No vendrá nunca’, me respondió Lucho, pero al día siguiente estábamos en su oficina presentándolo. Le pusimos 100 mil dólares en la mesa y Castillo firmó para el Bolívar”, recordó Ortuño.

Antes de morir, Castillo se volvió a comunicar con Ortuño y le dijo que quería terminar su carrera en la Academia. "Me pidió 400 mil por tres años, pero le hicimos rebajar a 300. Era un viernes, pero no pudimos reunirnos porque tenía un compromiso con su esposa y me dijo que lo solucionábamos el lunes, pero al día siguiente se murió cuando iba a brillar mucho más en Bolívar”, añadió el directivo bolivarista.

El famoso sobrenombre
Chocolatín con el equipo de Argentinos Juniors en 1988. Foto: Familia Castillo

El periodista Mario Cucho Vargas inventó el sobrenombre de Chocolatín. "Le puse ese seudónimo porque era tan sutil su accionar en el campo y tan fino, que con el color de su piel fue un Chocolatín agradable que llenaba los ojos; además era un hombre muy correcto”.

En uno de los programas de televisión de Cucho Vargas se eligió a Castillo como uno de los personajes del año a finales de la década de los años 80 del siglo pasado.

"Cuando lo llevamos al Hotel Radisson, para calificar a los personajes del año, se emocionó de tal manera que se me aproximó y me agradeció por el respaldo que le habíamos dado en su carrera, especialmente por el apelativo de Chocolatín. Era una delicia para los ojos, se lució en todos los campos, era un deleite verlo jugar y un querendón de los Yungas”, añadió Vargas.

Hace 20 años se fue la magia de Castillo, el querido Chocolatín, uno de los máximos representantes del fútbol boliviano en su historia. Su recuerdo sigue vivo en la afición futbolera.



miércoles, 19 de octubre de 2016

Ramiro Castillo, 19 años sin su gran magia

Era sábado. Un locutor de radio informaba: "Murió el Chocolatín”. Ese 18 de octubre de 1997 Ramiro Castillo, el jugador que deslumbró en Sudamérica, se convirtió en leyenda.

Pasaron 19 años. Su recuerdo está intacto. Luego de tres meses de sufrimiento por la muerte de su hijo José Manuel, de siete años de edad, Castillo no aguantó la pérdida del pequeño y tomó la decisión extrema. Se quitó la vida.

José Manuel falleció el 29 de junio del 1997. La Selección se aprestaba para disputar la final ante Brasil, por la Copa América, que se disputó en el país. Antes del compromiso se conoció que el hijo del Chocolatín estaba en terapia intensiva por fuerte una hepatitis. A pesar que los seleccionados querían dedicarle una victoria en la final, se perdió 3-1.

Tres meses más tarde, el fiscal Rodolfo Gutiérrez dio la noticia de que se encontró a Castillo muerto en una de sus habitaciones de su domicilio, en la zona de Achumani.

El fútbol estaba de luto, todos los recordaban como una persona humilde, alegre y dedicado a la vida futbolística.

El Gobierno nacional declaró un duelo de 30 días, mientras que en Coripata, lugar de nacimiento del paceño, la gente lloró por su héroe.

Carrera deportiva

En Bolivia, Ramiro Chocolatín Castillo jugó sólo en Bolívar y The Strongest. Tras convertirse en figura atigrada partió a Argentina, donde hizo buena parte de su carrera.

Castillo jugó en Instituto de Córdoba (1987-88), Argentinos Juniors (1988-90), River Plate (1990-91), Rosario Central (1991-92) y finalmente Platense (1993-94). También estuvo en el Everton de Chile antes de volver al país y jugar en Bolívar.

lunes, 17 de octubre de 2016

Castillo deslumbró en Argentina

A sus 15 años ya deslumbraba en el fútbol de los Yungas, fue en 1982 cuando Ramiro Castillo llegó a La Paz para jugar la final del Interyungueño junto a Coripata, en ese torneo se ganó los elogios de la prensa que fue a ver dicho partido e inmediatamente fue contratado para jugar en Mariscal Braun.

Sin embargo, su permanencia en el equipo “cervecero” sería corta, jugó con la albinegra hasta 1984 cuando The Strongest se interesó por sus servicios y lo contrató para la temporada 1985.

La tarde del domingo 19 de mayo, el estadio Hernando Siles fue testigo del debut de Ramiro Castillo con la camiseta atigrada. Wilfredo Camacho le dio la oportunidad de salir con la oro y negro aquella jornada y a sus 19 años ya jugaba al lado de figuras como Víctor Aragón, Miguel Bengolea, Juan Peña, Ricardo Fontana, Reynaldo Zambrana, Ignacio Peña, Uber Acosta, Juan Oropeza y Eliseo Ayaviri. Su debut fue contra Municipal de La Paz y jugó 45 minutos antes de ser reemplazado por Luis Torricos.

En The Strongest jugó y fue figura en los torneos de 1985 y 1986, jugó la Libertadores de 1987 antes de dar el salto al fútbol argentino donde vistió las camisetas de Instituto de Córdoba (el equipo sorpresa de Argentina) en 1987-88, Argentinos Juniors 1988-90 hasta llegar a River Plate en 1990, la cúspide de su carrera.

En 1992 vistió la camiseta de Rosario Central antes de regresar a The Strongest ese año.

Volvió a Argentina en 1993 para defender la divisa de Platense, volvió al Tigre en 1995 y 1996, partió a filas del Everton chileno en 1997 y de ahí pasó a Bolívar donde jugó su última temporada antes de partir a la eternidad.



También fue parte de la selección que clasificó al Mundial de Estados Unidos 1994 donde jugó un partido, contra España.

Mañana se cumplen 19 años de la trágica partida de Ramiro Castillo.

Tal vez nunca se conocerán las causas por las que tomó aquella decisión la mañana del 18 de octubre de 1997, pero aquel día marcó uno de los episodios más tristes del fútbol boliviano, partió a la eternidad Ramiro Castillo, uno de los mejores futbolistas en la historia de este deporte en Bolivia.

Aquella mañana del sábado 18 de octubre Bolivia amaneció consternada por la muerte del futbolista nacido en Coripata, los primeros informes daban cuenta de que Castillo se quitó la vida en su casa sin explicación alguna, aunque mucho se habló de que fue porque no pudo recuperarse de la muerte de su hijo ocurrido meses atrás.

Todo da a entender que el calvario de Ramiro Castillo comenzó la tarde del 29 de junio de 1997, aquella jornada Bolivia se alistaba para el partido final de la Copa América contra Brasil.

Días antes Castillo fue una de las figuras del triunfo boliviano sobre México (3-1) e incluso marcó un gol para la clasificación de la Verde a la final, es por eso que el entrenador, Antonio López, lo tenía entre sus once elegidos para el juego contra Brasil.

Sin embargo horas antes del juego Omar Rocha comunicó una fatal noticia al jugador, su hijo, José Manuel, fue internado de urgencia en el hospital a causa de una hepatitis. Ramiro se cambió tomó sus cosas y se fue al hospital. Por los parlantes del estadio Hernando Siles se comunicaba la noticia de la ausencia del “Chocolatín” y se pedía sangre para José Manuel. Aquella tarde cayó Bolivia por 3-1 y Brasil fue campeón.

Ramiro Castillo no se apartó de su hijo durante toda la noche del 29 hasta que el lunes 30 murió José Manuel. La tristeza se apoderó del futbolista, pensó varias veces dejar el fútbol porque sentía que le quitó a su familia.

Durante julio, agosto y septiembre siguió jugando con Bolívar, anotaba goles, pero ya no los festejaba como antes, con la sonrisa que lo caracterizaba, esta vez era solo un abrazo con sus compañeros.

Fue llamado a la selección boliviana, pero su ausencia se sentía en el campo de juego, no era el mismo, poco a poco se alejaba del balón.

El viernes 17 de octubre parecía un día normal para los amigos de Ramiro Castillo, aquella tarde Bolívar cerró sus entrenamientos para el clásico del domingo contra The Strongest y Ramiro se despidió de sus compañeros quienes no supieron que era la última vez que lo verían con vida.



El sábado 18 se daba la trágica noticia, encontraron al jugador muerto en su casa ubicada en la zona de Achumani, no se encontraron rastros de alcohol ni drogas que hubieran incitado a que el jugador tome esa decisión, sólo se supo que Castillo estaba sumido en una tristeza de la que no pudo recuperarse. La pelota lloró aquella tarde la partida del “Chocolatín”.

lunes, 24 de marzo de 2014

El jueves 27 Ramiro Castillo iba a cumplir 48 años

La historia de Ramiro Carmelo Castillo Salinas no tiene punto final mientras sus amigos o quienes lo conocieron lo recuerden cada vez que se aproxima el día de su natalicio. Este jueves 27 iba a cumplir 48 años, pero se fue temprano, un 18 de octubre de 1997, hace ya 17 años.

Quienes lo conocieron recuerdan con nostalgia lo que fue aquel niño flaquito, morenito, jovial, creativo y decidido a hacer cualquier cosa por estar en una cancha de fútbol para patear una pelota inventada de trapo o plumas de aves que se desechaban en los basurales de Coripata, el pueblo que vio nacer al inolvidable ‘Chocolatín’.

Aunque en la vida de ‘Miro’ —como le apodaban sus amigos— no solamente el fútbol atrajo su atención, sino también la música, el baile y las travesuras alocadas de niño.

Para muchos es un secreto y para otros es un ‘tesoro’ acuñado en las fibras más íntimas la infancia del pequeño Ramiro.

Uno de sus amigos fue Freddy ‘Afro’ Calla Montoya, quien hizo una reseña de quien fue su “gran amigo, hermano y compañero de ‘oro’, Hijo Predilecto de Coripata”. Freddy cuenta que otro amigo de infancia y adolescencia de ellos fue José ‘Teroleche’ Sánchez Tórrez.

“De niño era respetuoso y humilde, pero osado y decidido a la hora de enfrentar las cosas. Nunca pensamos que iba a ser un gran futbolista, pero el destino le marcó un buen camino, aunque terminó de una manera incomprensible en esta vida”.

Dijo que ‘Miro’ era un bailarín y buen músico, “le gustaba bailar de caporal en el grupo de tuntuna, pero no le gustaba la saya. En las bandas tocaba el tambor y tenía buen oído porque a veces pedía que afinaran el ritmo. Teníamos nuestro grupo que se llamaba Cocamarca”.

Además, recordó que le encantaba cantar y fue compositor de canciones, “tengo letras de algunas canciones de tuntuna que escribió Ramiro y voy a entregarlas a mi amigo Iván Gutiérrez, quien tiene un conjunto musical, para que pueda grabar y hacer realidad lo que en vida soñaba ‘Miro’”, refirió y agregó que su hermano Eloy era quien acompañaba con la guitarra.

UNO DE LOS ‘BANQUEROS’

‘Chocolatín’ era parte del grupo de los ‘banqueros’, “aquellos chicos a quienes les decían flojos porque cada día se sentaban en las bancas de la plaza principal de Coripata para solearse y charlar. Llegado el hambre salíamos a buscar comida y Ramiro era un experto en cazar gallinas. Una vez cazó al gallo de su amigo, lo cocinamos y comimos; llegó su amigo y de paso le invitamos. Después nos preguntó si habíamos visto a su gallo y nos tuvimos que hacer los ‘locos’”, rememoró.

Pero la historia no termina ahí, porque “Ramiro rellenó con las plumas del gallo una bolsa para hacer una pelota con la que jugamos, y de tanto patear comenzaron a salir las plumas y su amigo reconoció que eran de su gallo, Ramiro se calló pero inventó rápido una salida y le dijo que se había alzado del río las plumas y todo pasó. El amigo se quedó siempre con la duda”.

“En una ocasión —prosiguió— cazamos un chancho, que cuando lo agarramos se puso a chillar, pero mi amigo le metió el dedo por atrás y se calló; fue difícil cocinarlo, pero comer fue lo más delicioso. El chancho nos duró dos días”.

Con una sonrisa recuerda que “Ramiro era un farsante, mentiroso con las mujeres, les contaba historias fantasiosas para conquistarlas, se subía al volante de un coche y les decía que era de él, las invitaba a subir, pero nunca manejaba”.

El ‘Afro’ reveló que una vez su padre le contó que “a Ramiro lo habían secuestrado de niño en Coripata, después de buscarlo algunos días lo encontraron por San Pedro vestido de niña”.

Reseñó también que era ocurrente, “una vez en la puerta de su casa había un letrero que decía: ‘En caso de incendio levante esta hoja’, yo muy curioso levanté la hoja y me encontré con otra frase que decía: ‘Oye tonto dije en caso de incendio’”.

MÁS ANÉCDOTAS

“Una vez fue con otros amigos a Dorado, de donde volvió con dos gallinas y un gallo, mientras cocía la comida, Ramiro vio que se le subía un escorpión, lo atrapó y le quitó la cola porque dicen que es para atraer a las mujeres, en eso llegaron los amigos ‘mangueros’ a quienes había que invitarles, pero él se enojó y en el plato del último le puso el escorpión y se lo comió sin decir nada, nosotros solamente nos reíamos”.

Contó que un 5 de agosto, en la fiesta de la población de Coscoma, su mamá Primitiva Castillo, que era comidera, llevó comida para vender en la fiesta. “El camino era como del Cementerio hasta la Ceja, una vez en el lugar comenzó a llover fuerte, se hizo un río y se llevó toda la comida, por suerte Ramiro agarró la sartén con la carne, yo recuperé sillas y su mamá la sombrilla, fue una historia terrible que nunca imaginaba”.

Otra travesura del ‘Chocolatín’, “en las fiestas los borrachos se dormían en la plaza, se les acercaba Ramiro y prendía cohetillos a su lado, despertaban sanos y se escapaban de susto”.

Rememoró que en otras ocasiones, “Ramiro andaba con crema de calzados y a los borrachos les acariciaba la cara diciendo ‘reaccioná’, pero les estaba pintando con crema”.

PARA NO OLVIDAR

El ‘Afro’ dice que esta historia nunca la va olvidar.

“En un partido de fútbol, en el torneo Interyungueño de fútbol, se lesionó ‘Teroleche’, que era nuestro arquero, lo llevaron en ambulancia hasta el hospital, creo que estaba uno o dos días internado, después se fue a su casa, donde lo visitaban los amigos y la gente del pueblo. Estaba tan mal que no podía caminar, hasta le llevaban el bacín para que haga su necesidades. Y Ramiro era el enfermero y el que hacía los mandados”.

Agregó que como a cualquier enfermo, “la gente le llevaba regalos, comida, galletas, refresco, dulces y otras cosas, pero después de una semana, un día entré de sorpresa a la casa de ‘Teroleche’ y lo pesqué caminando feliz, comiendo con Ramiro lo que dejaba la gente, de repente alguien golpeó la puerta y ‘Teroleche’ rápido corrió a la cama, puso su pie colgando y vendado, entró un señor para hablarle y dejarle galletas, debajo de su cama tenía todo y así aprovecharon más de un mes. Después ‘Teroleche’ me dijo que era un plan de Ramiro”, recordó.

REENCUENTRO

Calla relató que en 1994, por casualidad llegó a trabajar en el colegio de propiedad de Ramiro.

“Un día la Directora nos dice que el propietario del colegio ha llegado de Argentina y quería reunirse con el alumnado y plantel docente, formamos y pasó como una especie de revista, lo miro y me mira, le digo ‘Negro’ y me contesta ‘Afro’, nos abrazamos y nos fuimos a otro lado para recordar viejos tiempos”, contó.

Rememoró que antes de ir al colegio pasó por la Ceja y se compró de merienda pescado cocido entre piedras (phapi), que en Yungas es bien comercial.

Dijo que “después del acto, almorzamos fricasé, a Ramiro le dieron algo especial porque estaba mal del estómago. Luego saqué mi bolsita de pescados y me puse a comer, ‘Miro’ y el ‘Teroleche’ me vieron y me preguntaron ‘¿qué estás comiendo’?, les digo pescado y Ramiro me dice ‘dame, dame’, compartimos, pero muy en secreto”.

Al final de la entrevista, el ‘Afro’ contó que en 1994, cuando jugaba en The Strongest, a eso de las seis de la mañana llegó en una peta con varios amigos de Coripata a la casa de Freddy, “casi se entran al techo, cuando salimos a ver lo que había pasado, yo agarrado un palo, me choco con Ramiro, quien estaba mareado y era la primera vez que lo vi así; antes él no tomaba. Era una persona sana y siempre lo recordaremos”.


17 AÑOS han pasado desde la muerte de quien fuera uno de los más destacados futbolistas de Bolivia. Jugó en The Strongest y Bolívar, en La Paz, y clubes de Argentina y Chile.


“La partida de Ramiro nos ha dejado un gran vacío en nuestro corazón, aún lo sentimos.

“Con Ramiro hemos pasado momentos inolvidables que que-darán en la memoria.


Las canciones de Ramiro

Cuando estaba en vida, a Ramiro Castillo le gustaba cantar canciones, una de sus preferidas fue:

Desde Coripata vengo cantando, bailando/

Acaso porque soy negro

vas a decir que soy jaira (flojo)/

Acaso porque soy sambo

vas a decir que soy flojo.

El ‘Chocolatín’, antes de morir, tenía el sueño de grabar un disco con su grupo, incluso compuso la siguiente canción en ritmo de tuntuna, titulada Negrito de traje rojo:

Negrito, negrito de traje rojo/

comiendo waluzas vienes pa acá/

comiendo waluzas vienes pa acá/

Con su chaleco verde lechuga y su camisa blanca y azul/

todos los negritos se van juntando/

para la fiesta que viene ya.

miércoles, 17 de julio de 2013

RAMIRO CASTILLO A 15 años de su muerte siguen los recuerdos del Chocolatín



El diario argentino Clarín le dedicó sus páginas al excapitán de la selección nacional. Destaca la personalidad, calidad de jugador y la humildad del mundialista cuando vistió varias camisetas de equipos importantes del vecino país.

El Brasil de la era Dunga (futbolista), aquel que luego ganaría el Mundial de 1994, estaba de rodillas. Nadie lo podía creer. La altura de La Paz había hecho efecto y Bolivia se había transformado en un estigma para los verdeamarelos: aquel 25 de julio de 1993, los más campeones perdían su primer partido por Eliminatorias en toda su historia de brillos.

La Verde transformó la victoria por 2-0 en un asombro y en una fiesta que se repartió por todo el país. Aquel equipo que contaba, entre otros, con el arquero argentino -nacionalizado boliviano- Carlos Trucco, el Diablo Marco Etcheverry y Julio César Baldivieso, celebraba aquella victoria épica con una escena tierna: Ramiro Castillo, el queridísimo Chocolatín, se paseaba en una suerte de vuelta olímpica recortada con José Manuel, su hijo de tres años, en los hombros y con una sonrisa inmensa que parecía desmentir la timidez que le adjudicaban en el fútbol argentino.

El boliviano fue portada de la revista El Gráfico cuando jugó en River Plate. Foto. Internet

Pero hubo un día en el que la vida se le cayó toda entera sobre su cuerpo breve. El día que podía ser el más feliz se transformó en un dramático laberinto. El 29 de junio de 1997, Bolivia -su Bolivia- estaba lista para ir tras los pasos de su segundo título en la Copa América, tras la obtenida en 1963. Como local, enfrentaba en la final de la principal cita continental al Brasil campeón del mundo.

Castillo -indiscutido en cada convocataria- realizaba el calentamiento previo cuando una noticia lo golpeó para siempre: su hijo mayor, el mismo que había festejado sobre sus hombros la gloria de aquella victoria memorable, había tenido que ser hospitalizado de urgencia. Tenía una hepatitis fulminante. Castillo se fue a su lado. José Manuel murió dos días después y él no le pudo poner palabras a tanto dolor. Poco más de tres meses después, el 18 de octubre, Chocolatín dijo basta. Esa corbata con la que decidió colgarse le quitó el último de sus suspiros.

La agencia de noticias EFE contaba entonces desde La Paz: "Las condolencias comenzaron a llegar desde todos lados. Entre otros, el presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol, Nicolás Leoz; el vicepresidente de Bolivia, Jorge Quiroga; el ex director técnico del seleccionado boliviano, Xabier Azkargorta; el presidente de la Academia Tahuichi, Rolando Aguilera, y el defensor boliviano Juan Manuel Peña, que juega en Valladolid, expresaron su dolor. En tanto, en el municipio de Coripata -a 96 kilómetros al noroeste de La Paz-, donde nació el futbolista, se declaró un duelo de tres días, con suspensión de las actividades. Por estas horas, todo Bolivia llora la pérdida de Chocolatín". Hubo silencio de duelo en todo el país. El clásico entre Bolívar y The Stongest no se jugó. Todos necesitaban tiempo para llorar al crack que ya no estaba.

Antes de aquel dolor que no pudo soportar, Castillo había disfrutado los mejores días de su seleccionado. La Generación del 94, comandada por Xabier Azkargorta -vasco de Azpeitía, trotamundos en nombre del fútbol-, había construido un milagro deportivo hacía no mucho: clasificar a Bolivia para un Mundial por primera vez en la historia (sus participaciones en 1930 y en 1950 habían sido por invitación). El entrenador y varios de sus jugadores se habían convertido, por la magia de varios resultados favorables, en celebridades adoradas por el pueblo boliviano.

El 27 de junio de 1994, frente a España en el Soldier Field de Chicago, La Verde convirtió su único tanto en la larga vida de la máxima competición. A los 22 minutos del segundo tiempo, Erwin Sánchez -el Platini del Altiplano- hizo un gol y no se abrazó con sus compañeros. No quería perder tiempo. Iban tras el empate. Cinco minutos antes, Castillo había reemplazado a Vladimir Soria. Chocolatín estuvo ahí, aquel día, su día Mundial. Antes había mirado desde el banco, con su camiseta número 20 bajo el buzo, la ajustada derrota frente a Alemania, en el partido inaugural, y el empate frente a Corea del Sur, que significó el único punto de Bolivia en todo su recorrido por las Copas del Mundo.

Cuentan que aquel Mundial de los Estados Unidos fue una maldición. Lo retrató el periodista José Carlos Jurado, en el diario Marca: "Cuatro jugadores que disputaron el Mundial de Estados Unidos 94 fallecieron de forma trágica en un plazo de diez años. El defensa colombiano Andrés Escobar fue asesinado a tiros en una discoteca de Medellín mientras se jugaban los octavos de final del Mundial por haberse marcado un gol en propia puerta ante Estados Unidos en un partido de la primera fase.

En 1997, el boliviano Ramiro Castillo se suicidó al no poder superar la muerte de su hijo tres meses antes. En 2002, el centrocampista colombiano Hermán Gaviria falleció durante un entrenamiento del Deportivo Cali al caerle encima un rayo. Esta macabra casualidad acaba con la muerte de Marc-Vivien Foé en 2003. El centrocampista camerunés falleció de muerte súbita durante un partido de la Copa Confederaciones ante Colombia". El fútbol, a veces, tiene estos caminos de drama.

Castillo fue también conocido y querido en el fútbol argentino. Su recorrido lo cuentan los números. Jugó en Instituto de Córdoba (1987-88, 27 partidos, 1 gol), Argentinos Juniors (1988-90, 69 partidos, 8 goles), River (1990-91, 10 partidos, 1 gol), Rosario Central (1991-92, 16 partidos) y Platense (1993-94, 23 partidos, 1 gol).

También lo contaron las palabras de quienes lo conocieron y/o lo vieron. Nito Veiga lo dirigió en los días felices de aquel Argentinos que peleó el título con Oscar Dertycia como goleador y sobre él dijo alguna vez: "Si Chocolatín tuviera la camiseta de Argentina o de Brasil, valdría millones de dólares". Oscar Barnade -periodista e historiador de esta redacción- cuenta que Castillo era hasta que decidió irse "el mayor ídolo del fútbol de su país".

Hace ya quince años que Castillo no está. Ni él, con sus pocas palabras que decían mucho. Ni él, con su fútbol que invitaba a pagar una entrada y a aplaudir con entusiasmo en un domingo cualquiera. O en cualquier día. Lo extrañan los que lo quisieron más allá del campo de juego, sobre todo. Pero también La Verde, ahora huérfana de figuras como ese Chocolatín capaz de transformarse en bandera de un pueblo entero.


martes, 23 de octubre de 2007

“Chocolatín” marcó récord en Argentina





El tiempo corre y no se detiene. Sí. Pero ya pasaron diez años y el recuerdo de aquel símbolo de una generación dorada de futbolistas, que cautivó a propios y extraños con sus gambetas, lujos y piruetas, sigue y seguirá estando presente en aquellos que tuvieron la fortuna de verlo, mientras los más chicos se pregunten: “¿Tan bien jugaba ese tal ‘Chocolatín’?” Y sin que se haga esperar, la respuesta será un “si” precedido de relatos de jugadas, toques, festejos y proezas de las que ese moreno flaquito nacido en los Yungas de La Paz fue actor principal.

Castillo marcó un récord en la Argentina: es el boliviano que más veces jugó con 146 partidos y 10 goles.

Mientras Milton Melgar era figura en Boca Juniors y era aclamado por “La Doce” que entonaba en un coro ensordecedor “bo-li-via-no / bo-li-via-no”, Ramiro Castillo comenzaba su carrera profesional en The Strongest y ya se preparaba para pegar el salto de calidad al fútbol argentino, a Instituto de Córdoba.

No obstante, su gran momento fue en su segundo club en ese país: Argentinos Juniors, “el semillero del mundo”. Ese del barrio La Paternal, tan reconocido por su gran labor como “fábrica de cracks”, entre ellos Fernando Redondo, Juan Román Riquelme o el propio Diego Maradona.

Sus buenas actuaciones lo catapultaron a un gigante: River Plate. Allí fue dirigido por el actual técnico de esa institución, Daniel Passarella. Aunque sólo jugó un puñado de partidos, entre ellos uno por la Copa Libertadores de 1991 ante Bolívar, en el que fue eje de una polémica al quejarse de las dificultades de jugar en la altura. En Núñez tuvo un paso sin pena ni gloria. Luego le siguieron Rosario Central –actual club del también boliviano Ronald Raldes– y Platense.

A fines de junio de 1997, las calles del país eran un carnaval. Papelitos, camisetas y flameantes banderas llegaban a teñir de rojo, amarillo y verde desde los pueblitos más remotos hasta las más grandes ciudades.

Bolivia era anfitrión de la Copa América y había derrotado (con un gol del Chocolatín incluido) 3-1 a México, en Santa Cruz de la Sierra, por una de las semifinales, mientras Brasil aguardaba en la final. Después de 34 largos años, la Verde volvía a meterse en la disputa del título continental.

“Sería muy lindo para mí salir campeón de América porque son mis últimos partidos de Selección. Ya estoy cansado de tanto ajetreo; la vida también pasa por otro lado. En mi caso, por mi familia y mi futura profesión de abogado”, decía Chocolatín proyectando su porvenir tras la victoria ante los mexicanos. Sin embargo, la vida le depararía el peor de los castigos: a minutos de la final con Brasil, tuvo que abandonar el Hernando Siles para ir al hospital donde su pequeño Juan Manuel, de 7 años, estaba internado con una hepatitis. Dos días después, el 30 de junio, sería víctima de un ataque fulminante de esa enfermedad. Y ese sería el principio del fin...

La angustia y la depresión se fueron apoderando de Castillo, quien apareció ahorcado en la mañana del sábado 18 de octubre de 1997 en su casa de Achumani. Tenía 31 años y se suicidó tres meses después de la muerte de Juan Manuel. Posteriormente, la Policía informaría que Castillo había muerto por asfixia al ahorcarse con una corbata, aproximadamente a las cinco de la madrugada.

Durante esa jornada, las radios casi no hablaron de otra cosa. La Federación Boliviana de Fútbol (FBF) declaró 30 días de duelo y suspendió el clásico entre Bolívar y The Strongest que debía jugarse al día siguiente. Incluso, Hugo Banzer, presidente boliviano en ese entonces, expresó su dolor. Pero la conmoción no sólo se limitó a Bolivia. Desde el exterior, dirigentes, jugadores y el ambiente del fútbol enviaron sus condolencias.

“¿Ya pasaron diez años?”, decía sorprendido por el paso del tiempo uno de sus ex compañeros en Argentinos, Carlos Mac Allister. “Era una muy buena persona y un gran compañero. Muy callado, reservado, es cierto, pero cuando hablaba era muy ocurrente”, recuerda el Colorado. “La vida lo castigó muy duro con la muerte de su hijo. A veces las palabras están de más cuando te pasa una cosa como esa”, expresó el ex defensor de Boca y de la Selección argentina.

El Chocolatín se destacó en su trayectoria futbolística por su capacidad e inteligencia como generador de juego y la categoría de su pegada. Su talento, su origen humilde y su compromiso por las causas de las clases populares, lo convirtieron en ídolo indiscutido. En todo un orgullo del pueblo boliviano. Y como legado, antes de fallecer, dejó una escuela que lleva su nombre y que ahora está en los primeros planos del fútbol paceño.

La historia cuenta que en un partido del fútbol argentino entre Platense –su último club en ese país– y Gimnasia y Esgrima de Jujuy –equipo por aquel entonces de su hermano Iván Sabino y de Óscar Sánchez–, ambas escuadras lucieron un brazalete negro e hicieron un minuto de silencio en memoria de aquel talentoso que un 12 de octubre de 1997, en un cotejo entre Ecuador y Bolivia por las Eliminatorias al Mundial de Francia 1998, le dijo adiós a la pelota y pasó a la inmortalidad. (Emmanuel Quispe, especial para El Deportivo de El Diario)

viernes, 19 de octubre de 2007

Ramiro "Chocolatin" Castillo, a diez años de su partida

La familia de Ramiro Castillo recordó ayer 10 años de la partida a la eternidad del “Chocolatín”, una de las mayores figuras que tuvo el fútbol paceño y boliviano.

Poco después de que Bolivia fuera sede de la Copa América, el año 1997, donde la Selección Nacional fue subcampeona, se conoció la infausta noticia: Ramiro había decidido partir a la eternidad, y con él se llevó su talento, aquél con el que triunfó en varios equipos nacionales y extranjeros, y en el seleccionado.

El “Chocolatín” empezó a jugar al fútbol en su natal Coripata, en los Yungas de La Paz; vistió, aún en el ámbito amateur, la camiseta de 31 de Octubre; luego dio un gran salto al que fue su primer club en el profesionalismo, The Strongest, con el que conquistó buena parte de sus principales logros, pero además con el que demostró su verdadera dimensión como futbolista.

Instituto de Córdoba, Argentinos Juniors, River Plate, Rosario Central y Platense, de Argentina; el chileno Everton; y Bolívar, de Bolivia, también disfrutaron de su maravilloso juego.

“Chocolatín” fue además integrante de la Selección Nacional que en 1994 disputó la Copa del Mundo de la FIFA, en Estados Unidos.

“Lo que él siempre pregonaba era su entereza y perseverancia para trabajar, que sumadas a su humildad lo llevaron a conseguir los objetivos que se había trazado en su carrera deportiva”, recordó ayer su viuda, María del Carmen Crespo.

Antes de fallecer, “Chocolatín” fundó una escuela de fútbol que lleva su nombre, y no lo hizo en vano, porque ahora esa institución es una de las más reconocidas del balompié paceño, por su actividad en diversas categorías.

“Junto a Iván (el hermano de Ramiro), Rainiero (uno de sus hijos) y Eloy (su otro hermano) seguimos trabajando con la Escuela de Fútbol. A pesar de las dificultades económicas, seguimos con aquella labor como un homenaje a él. Felizmente, aquel trabajo de a poco va rindiendo sus frutos”, agregó María del Carmen.

La que fue esposa del “Chocolatín” y lo acompañó en la mayoría de su periplo por varios clubes, afirmó que aún está pendiente un deseo de Castillo: fundar una escuelita de fútbol en su natal Coripata. “No se pudo aún, pero quizás el próximo año”.

Los hijos de Ramiro y María del Carmen no son futbolistas. Ramiro, de 20 años de edad, se inclinó por seguir la carrera de diseño gráfico y audiovisual en la Universidad Católica Boliviana, y Maejorie cursa el sexto año de primaria.

Para recordar los 10 años de la muerte de Ramiro Castillo, sus familiares preparan un acto religioso que se desarrollará mañana sábado en instalaciones de la Escuela de Fútbol, en la zona de Ciudad Satélite de El Alto.